Cooperativa de Trabajo La Cacerola: "Sin sueños no somos nada”

En la lucha
Cooperativa de Trabajo La Cacerola: "Sin sueños no somos nada”
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Walter Blanco nos observa fijo con sus enormes ojos celestes. Profunda e intensa, su mirada cuenta mucho más de lo que dicen sus palabras. Hay pasado, presente y futuro en cada gesto y en cada expresión. Hay lágrimas de emoción al recorrer hacia atrás el camino de sueños que tiene el nombre de La Cacerola. Es un tipo sencillo y con ganas de contar una historia que tiene mucho de su propia vida. Nos regala el vino de la casa que tiene el logo propio y es producido en Mendoza por jornaleros de las bodegas Valeria Balbo bajo el nombre de Puike . Nos invita a recorrer cada rincón del local de la calle Franklin. Aparecen los compañeros. Todos hacen chistes y sonríen. La mañana termina con un pastel de papas exquisito ¿El vino? Lo probamos días más tarde y podemos decir que es un digno compañero de aventuras. Antes transitamos esta charla que recorre una experiencia que propone construir espacios desde lugares en donde la dignidad y la construcción colectiva van de la mano.

La cooperativa es parte de lo que fue el 2001 ¿Cómo recordás ese contexto?

La cooperativa fue parte de lo que le pasó al país en ese momento. De golpe estábamos en la calle, sin trabajo. Sin nada. La primera pregunta fue qué hacer. Nuestro lugar de encuentro fue una plaza de Almagro y la primera decisión fue apostar al trueque.  Instalamos un nodo, lo llevamos a un local, creció mucho pero se rompió cuando nos encontramos que en algún momento teníamos que ir al mercado formal para reponer mercadería y no la teníamos. Entonces aquello sirvió en la medida que se pudo trabajar con el canje. Cuando se perdió eso nos encontramos que muchos de nosotros no teníamos capital para seguir trabajando. Quisimos buscarle la vuelta incorporando servicios u otros similares pero no pudimos. Hubo un límite real: el dinero.

¿Cómo continuaron entonces?

Empezamos a hacer compras comunitarias en el Mercado Central tratando de zafar el intermediario. Juntamos dinero. Poco, lo que había. Empezamos a hacer bolsones pero no teníamos balanza. Incluso parábamos a los camioneros a la  mañana muy temprano para abaratar los costos. Traíamos alrededor de nueve productos de los cuales dos tenían que ser frutas con el objetivo de que sea la base de la comida semanal de una familia.

¿Podés contarnos el sistema de estaciones que pusieron en funcionamiento?

¿Cómo transitaron este momento y empezaron a germinar el sueño de transformarse en cooperativa?

La idea fue empezar a pensar en lograr un trabajo genuino y poder vivir de eso. No teníamos la historia de la cooperativa pero sabíamos que no iba a ser un emprendimiento ni personal, ni familiar, ni tampoco con las características del mercado formal que cuando no le servís más te da una patada en el culo y a otra cosa. Eso lo teníamos claro.

¿Cómo se concretó esa búsqueda?

¿Cuáles serían los valores con los que sintieron identificados?

Fundamentalmente la confianza y la solidaridad. Lo podés encontrar en cualquier emprendimiento pero en este colectivo en el que no teníamos nada, desarrapados de la historia, con sueños. Empezamos a pensar en grande. Esto es la base y se llena de otros saberes. Incluso las crisis que hemos tenido en algunos momentos han sido referidas a estos valores. Ahora bien, esto no quiere decir que no discutamos y que pensemos distinto. En definitiva empezamos a pensar ejes grandes que incluyeran a todos. Algunos pensaban que antes era fácil porque no teníamos nada, por lo que ningún compañero podría llevarse lo que no existía. Se equivocaban, se podían llevar los sueños. Sin sueños no somos nada. Hoy hay cosas materiales y también está la confianza. Eso nos une.

¿Cómo lograron el espacio físico?

¿Cómo fue el proceso de para arrancar a producir?

Arrancamos con dos hornos pizzeros haciendo facturas luego de conseguir mediante a mucho movernos el contrato de locación de este local e instalar el gas con mucho esfuerzo. Llevábamos facturas a los compañeros de IMPA cuando entraban a trabajar, vendíamos a los porteros. Con eso la íbamos peleando. En su momento con una apretada a Ibarra conseguimos un subsidio de autoempleo. Luego apareció  el proyecto de la viandas que incluso logramos mantener a pesar del proceso que todos conocemos de la caída de Ibarra y la aparición de Macri.

Ustedes participan de otros movimientos más amplios como la CNCT, FACTA o la CTA  ¿Qué tan importante es ser parte de estos espacios?

Importantísimo. Nos permite unirnos y que valoren nuestra palabra en conjunto. Hemos participado de procesos como el de Los Chanchitos, Alé – Alé o La Casona entre otros. Eso nos da fuerza a todos. Participamos activamente de cada proceso y creemos firmemente en ellos.

¿En este contexto el cooperativismo es una alternativa o algo distinto al sistema capitalista? ¿Cómo lo definirías?

Es una forma más de organización popular. Creo que para plantear cualquier organización relacionada a la Economía Social tenés que tener en cuenta los mecanismos reales de cómo funciona una empresa en el mercado formal. Es necesario incluir el precio, la calidad del producto, la eficiencia, el respeto a los acuerdos. Por ejemplo si nos citan a las seis de la mañana para llevar facturas debemos estar cinco y cuarenta cinco. Es nuestro compromiso.

Esos podrían ser los elementos a tomar ¿Cuáles no?

La eficiencia por la eficiencia. La rentabilidad por la rentabilidad. Acá la historia es sencilla: la diferencia real entre una empresa y una cooperativa en el fondo es como repartir las ganancias.  Las pérdidas en una empresa las paga el trabajador, las ganancias el empresario. Esa es la cuestión. Acá las ganancias quedan y discutimos lo que hacemos. Trabajar sin patrón no significa trabajar sin reglas. Deben ser claras como en cualquier proceso. Acá no podemos hacer nada distinto a lo que hacés en tu casa. Buscás calidad, arreglás las cosas que se rompen. Nos cuidamos.

En este contexto ¿Cuáles son algunos problemas para la subsistencia?

Lo más difícil es la comercialización y la financiación. El principal problema es que las cooperativas salvo algunas excepciones no son sujeto de crédito. En este sentido para nosotros el pan relleno fue la manera más concreta de resolver algo de estas cuestiones.

¿Cómo se relaciona la historia del pan caliente con esta actualidad en donde además de lo que nos contás tienen un local a la calle?

Una de las características más relevantes del pan caliente es algo que envidia cualquier emprendimiento: el efectivo al momento. Eso nos permitía ir de a poco comprando lo que necesitábamos para crecer. En todo esto aparece esto que te digo que nos sostiene: la confianza. No se hace nada solo, la solidaridad es lo importante. Esto lo hicimos entre todos y así seguiremos.

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